Fundada hacia el 667 a.C. por colonos griegos de Megara con el nombre de Bizancio, la ciudad ocupó desde el principio el punto más estratégico del mundo conocido: el único paso entre el Mediterráneo y el mar Negro, y entre Europa y Asia.
En el año 330 d.C. el emperador Constantino la refundó como capital del Imperio Romano y le dio su nombre: Constantinopla. Durante más de mil años fue la ciudad más rica, más poblada y mejor defendida de Europa, mientras Occidente se hundía en la Edad Media. Santa Sofía, terminada por Justiniano en el 537, fue la mayor catedral del mundo durante casi un milenio, y su cúpula era considerada técnicamente imposible.
Sobrevivió a más de veinte asedios, pero no al de los propios cristianos: en 1204 la Cuarta Cruzada la saqueó y nunca se recuperó del todo. El 29 de mayo de 1453, tras 53 días de sitio, Mehmed II entró en la ciudad con 21 años. Cayó el Imperio Bizantino — el último resto del Imperio Romano — y para muchos historiadores terminó ahí la Edad Media.
Fue capital otomana hasta 1922. Con la república turca la capitalidad pasó a Ankara, y en 1930 el nombre oficial pasó a ser Estambul. Sigue siendo la única ciudad del mundo asentada sobre dos continentes.